martes, 16 de junio de 2009

Trastornos del sueño estarían asociados con riesgo de muerte

El sueño de mala calidad, ya sea por insomnio, fragmentación o pesadillas, está asociado con un aumento del riesgo de muerte, según varias presentaciones realizadas esta semana en un encuentro de especialistas en Estados Unidos.
Un estudio, realizado en Penn State College of Medicine, en Hershey, Pensilvania, sugiere que el insomnio sería tan peligroso como la apnea obstructiva del sueño.
"El insomnio con sueño de corta duración objetiva está asociado con una puesta en marcha del sistema de estrés, esto es, un aumento de la secreción de cortisol y del riesgo de hipertensión", dijo el autor principal del estudio, doctor Alexandros Vgontzas.
El y su equipo analizaron los efectos sobre la mortalidad del insomnio con por lo menos un año de duración y el sueño objetivamente corto.
El estudio incluyó a 1.741 hombres y mujeres seleccionados al azar. Durante los 14 años de seguimiento de los hombres, la tasa de mortalidad fue del 19,6 por ciento. En las mujeres, 10 años de seguimiento revelaron un 10,3 por ciento de mortalidad.
A diferencia de los hombres con patrones normales de sueño de por lo menos seis horas de duración, aquellos con insomnio y menor duración del sueño tenían cinco veces más riesgo de mortalidad.
Mientras que ese riesgo había aumentado también en las mujeres con las mismas características que los hombres, la asociación no resultó estadísticamente significativa.
"El seguimiento más prolongado de los varones explicaría por qué no obtuvimos los mismos resultados en las mujeres", dijo Vgontzas. "Otra posibilidad es que los hombres sean más vulnerables físicamente a ese tipo de insomnio (...), asociado con una menor duración objetiva del sueño", añadió.
Dado que "el insomnio con menos de seis horas de sueño tiene consecuencias clínicas significativas y similares a las de la apnea del sueño, ese tipo de insomnio debería transformarse en una prioridad médica para su detección y tratamiento", expresó el autor.
"Por ahora, no existen estudios que hayan evaluado qué tratamiento (medicación versus psicoterapia versus una combinación de ambos) es más efectivo", añadió.
Otro estudio evaluó la duración del sueño mediante un actígrafo, un pequeño dispositivo que se coloca en la muñeca para medir los movimientos corporales y detectar patrones de actividad física, con el objetivo de evaluar los ciclos de sueño-vigilia.
Los autores hallaron que dormir menos de cinco horas por noche elevaba el riesgo de muerte en las adultas mayores, pero no en los hombres mayores.
El equipo de K. L. Stone, de California Pacific Medical Center, en San Francisco, controló durante por lo menos tres períodos de 24 horas a 3.052 mujeres (de 83,6 años en promedio) y a 3.055 hombres (de 76,4 años en promedio).
A diferencia de las mujeres que dormían por lo menos ocho horas por noche, las que lo hacían menos de cinco horas tenían un riesgo significativamente mayor de morir en los 4,2 años de seguimiento.
En los hombres que dormían menos de cinco horas también aumentó ese riesgo, aunque no de manera significativa, lo que podría estar asociado con ciertas condiciones en las que se realizó el estudio.
A partir de datos de Sleep Heart Health Study, el equipo dirigido por la doctora Alison M. Laffan, antes en la Johns Hopkins University y ahora en el Centro Médico California Pacific, identificó a la fragmentación del sueño como otro factor de riesgo.
Para eso, los autores sometieron a 5.614 personas a polisomnografías nocturnas, que son estudios que permiten observar las ondas cerebrales nocturnas durante varias fases del sueño. El seguimiento duró ocho años.
El equipo definió la fragmentación del sueño con un índice de la cantidad de transiciones de los estadios del sueño por hora de descanso.
Al analizar los tipos de transiciones individualmente, desde la vigilia hasta el sueño no REM y desde el sueño no REM hasta la vigilia, se observó que ambas estaban asociadas significativamente con un aumento de la mortalidad.
"Otros tipos de transiciones disminuyeron las probabilidades de morir; de todos modos, la reducción se observó solo cuando la cantidad de transiciones era inferior a una por hora de sueño", señalaron los autores.
Los resultados de un cuarto estudio indicaron que en las personas con depresión grave, las pesadillas, pero no el insomnio, estuvieron asociadas con un aumento de la frecuencia de síntomas suicidas.
El equipo dirigido por la doctora Rebecca Bernert, de la Florida State University, estudió a 82 adultos, a los que se les había realizado una evaluación psiquiátrica de emergencia y que habían respondido cuestionarios sobre sus síntomas.
Los autores hallaron que los sueños molestos y las pesadillas actuaron como vaticinadores independientes del pensamiento suicida.
El equipo concluyó que "se necesita una evaluación más detallada del sueño en pacientes con enfermedad aguda para identificar una oportunidad importante de intervención".
Fuente: REUTERS


La investigaciones como esta nos muestran la importancia de cuidar del sueño, y su incidencia en la muerte.
Pienso que cada día tenemos más información para cuidar de nuestro organismo, sera mejor que vigilemos nuestros hábitos de sueño

R.C. de Interés