domingo, 9 de agosto de 2009

CAMPO ARMONICO

Por la admiración, dice Aristóteles, comenzó el hombre a
filosofar. 
La capacidad  de admiración, esa prerrogativa del

hombre sobre los animales, lleva al ser humano a inquirirlo todo, incluso el fenómeno más rutinario, una vez que adquiere la paz y la posibilidad de ocio necesarias para ello. 

-  ¿Cómo está constituida la tierra y el cielo? ¿Cómo giran los astros, Sol, Luna y estrellas? ¿Existe alguna ordenación de sus movimientos acompasados? ¿Qué tienen que ver nuestras estaciones y nuestro propio vivir con ellos? 
El volar de los pájaros, el transcurrir de las nubes, el tejer de las arañas, el crecer de los árboles, el fuego, el agua,... desde todos los rincones a donde el hombre dirige su mirada surge una admiración primero y una interrogación después.

Pero llegó un momento en que el hombre pudo, y quiso, dirigir con intensidad su mirada y su interrogación hacia objetos más despegados de su preocupación existencial. Con ello se hizo capaz de buscar su respuesta en razones estables, sólidas, independientes del país, de la moda, del correr de los años, de su propio humor. Es probable que los primeros objetos en que este tipo de acuerdo universal se plasmó fueran la figura y el número.
En ellos aprendió el hombre a razonar, es decir, a basar sus aserciones sobre aserciones previas aceptadas, deduciéndolas de ellas de un modo que no podía menos de suscitar la aprobación del interlocutor. No es que el hombre no hubiese razonado antes. Lo nuevo fue el poder elevarse, a través de peldaños sólidos, hasta afirmaciones incontrovertibles, a primera vista bien alejadas de los principios que les dieron nacimiento. 

Según parece el hombre que hizo de este ejercicio su modo de pensar fue Pitágoras en el siglo VI a. de C. A esta actividad le llamó ιστορια, exploración, y a su producto, μαθησισ, enseñanza.
Jean Fourier fue un matemático francés que vivió en el siglo XVIII. En sus labores científicas, el investigador desarrolló un método riguroso que le permitió convertir cualquier patrón sensorial, independiente de su complejidad, en un lenguaje de ondas simples.
Este modelo encuentra aplicación para ayudarnos a entender las funciones del cerebro, órgano que convierte ondas neuronales en percepciones tangibles.
En otras palabras, así como una cámara de televisión cambia una imagen en frecuencias electromagnéticas y el aparato de televisión que las recibe transforma esas frecuencias de nuevo en la imagen inicial, igualmente se comporta el cerebro.
La rama de la matemática que estudia la transformada de Fourier y sus generalizaciones es denominada "análisis armónico."
La riqueza y complejidad conceptual de las fecundas herramientas del análisis armónico inicial, la serie e integral de Fourier, estimularon efectivamente el desarrollo de la matemática desde el momento mismo de su firme aceptación.
Comprobadas su utilidad, la idea de la aplicabilidad del método en otras circunstancias surge espontáneamente. La estructura de un sistema nos es cognoscible a través de su forma de comportarse en la interacción con un cierto tipo de ondas que el sistema mismo emite o absorbe.
El descubrimiento por Röntgen en 1895 de los rayos X, de longitudes de onda muy pequeñas, entre 1 A y 100 A, y la observación en 1912 por Max von Laue de que las radiaciones de rayos X son difractadas por cristales naturales dieron origen al nacimiento de la espectroscopia por rayos X que permite explorar el mundo de otra escala diferente, y extraer otro tipo de información del mundo al que se aplica.
En 1845 Faraday observó la rotación del eje de polarización de un rayo de luz polarizada a su paso por un fuerte campo magnético. Con ello se empezaba a desvelar la conexión profunda entre luz, electricidad y magnetismo.
Las ecuaciones de Maxwell, publicadas en 1864, constituyen uno de esos monumentos en que la razón matemática ha sido capaz de adelantarse a la experimentación física. La invasión de nuestro espacio por las ondas electromagnéticas ha homogeneizado extraordinariamente nuestra civilización.
Las ondas parecen estar presentes de una forma u otra en todos los aspectos de nuestra existencia. Pero su presencia nos aparece aún más dominante hoy día si dirigimos nuestra mirada hacia la estructura elemental de nuestro universo. Las estructuras elementales de la materia se manifiestan a veces como si fuesen partículas y otras muchas como si fuesen ondas, vibraciones transmisoras de energía. Es de esperar que el enigma presente detrás de estas apariencias sea resuelto algún día, aunque sea para dar paso a enigmas de niveles más profundos.
¡El número como método de pensamiento para desvelar los misterios del universo!
FUENTES:BURG, J.P., Maximum entropy spectral analysis; ENRIQUES,F. e SANTILLANA,G., Storia del pensiero scientifice; divulgamat.ehu.es; Monografías.com- trabajo 64

Si que todo es armonía y número, más que interesante este recorrido por el conocimiento de  las ondas, vibraciones transmisoras de energía, no dejo de admirarme

R.C. de Interés