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martes, 22 de septiembre de 2009

LA HORMIGA REBELDE

En lugar de dormir la siesta bajo el aplastante sol de febrero, Lalo prefirió recorrer el monte guaraní en compañía de su perro haragán. El niño era un lugareño del paraje Yerbatero Emboreyé, en la norteña provincia de Misiones. Fue ladeando el arroyo Chogüy entre los verdes de la espesura con des-prolijo suelo fecundo, sobre la tierra colorada que impregna todo como al cuerpo de Lalo, un morocho-rojizo desde el cabello hasta los dedos del pie, los cuales se les escapaban entre las fatigadas hilachas de sus zapatillas.
Después de caminar un largo trecho decidió descansar a orillas de un remanso mientras su perro acorralaba a una comadreja. Medio adormecido, le llamó la atención un camino de enormes hormigas negras, típica especie mesopotámica. Abriendo grandes los ojos siguió el paso de los animalitos hacia su “tacurú”, como se denomina al hormiguero en lengua guaraní, aquellos que pueden verse como montículos de tierra arcillosa de casi un metro de altura, y de forma cónica. De pronto, una hormiga sonriente detuvo su marcha al tiempo que le ofrecía una carta fantástica que venía trayendo a cuestas. La curiosidad hizo que el niño la tomara desesperada-mente y, en medio de la intriga, abriera el diminuto sobre con varias hojas que no resultaban fáciles de leer, por su tamaño y el lenguaje utilizado. Entonces colocándose los lentes de la ingenuidad y, empleando el místico saber, Lalo tradujo el idioma “hormiguístico” sin mayores dificultades. El mismo decía:
“A los seres humanos: Me dirijo a ustedes para contarles primeramente que soy un Insecto himenóptero, me llamo Hormiga, creo que mis padres son brasileños porque soy bastante negra, mido 3 cm. desde las antenas al culito. Además soy muy patuda, pertenezco a las obreras y tengo familiares que vuelan. Nunca fui a la escuela, y si escribo con errores es porque sé hacerlo más o menos pero soy malí-sima para leer, todavía no aprendí eso de los puntos, las comas, acentos y ¡Qué sé yo! Pero no se rían tanto de mí, porque leo igual, igual que ustedes. Estoy cansada y no quiero ser más una triste hormiga obrera. Haciendo comparaciones he soñado en convertirme en un ser humano. Los admiro por la maravillosa forma de vida que llevan, resguardando a la naturaleza y tan preocupados en amar y ayudar al prójimo. Ustedes Al nacer ya saben si son nenas o varones, en cambio nosotras no lo sabemos hasta ser adultas, por eso no vestimos pantalones ni polleras, no tenemos problemas de corpiños ni calzones, tampoco usamos bigotes ni nos pintamos los labios. Los bebés pueden jugar, los miman, duermen con un osito de peluche, y comen golosinas riquísimas como el helado de palito. En cambio nosotras salimos del huevito, nos enseñan a caminar y enseguida nos mandan a explorar, pero las hormiguitas quisiéramos dormir abrazadas con un gusanito o lombriz de lana y probar un verdadero helado, porque lo único que hacemos es chupar palitos. Tampoco tenemos recreos como en la escuela ni siquiera la alegría de hacer deberes en casa. Las comidas nuestras dan pena porque son hongos y yuyos sin mayonesa, por eso envidiamos a los niños que les preparan exquisitos guisos de mondongo con repollo o sopas de hígado con berenjenas. ¡Cuántas cosas riquísimas! Las hormigas peleamos entre nosotras por cosas pequeñas y nos tiramos con hojas, porque si lo hiciéramos a patadas nos mataríamos con tantas piernitas. En cambio las chicas humanas son tan dulces entre ellas, no son celosas, nunca discuten y mucho menos si son hermanas. Además los varones demuestran ser ángeles cuando juegan al fútbol. ¡Qué educaditos! Ustedes viven en grandes casas de cemento y nosotras armamos el tacurú, donde las herramientas son nuestras manos y nunca terminamos las galerías con cuevas y túneles porque son infinitas, no existen los feriados ni las huelgas. Lo más importante es cuidar el futuro, ¡salvaguardando los huevitos! Las mujeres hacen tantas cosas… pero nosotras tenemos una señora hormiga que no trabaja, tiene una pila de novios, vive haciendo huevos y ¡Encima se hace la Reina! Los humanos nos facilitan la tarea evitándonos miles de pasos hasta subir a la copa de un árbol, ellos son tan buenos que los talan, talan y talan como para que tengamos alimentos para la eternidad, dejan el campo pelado y gracias a ello desaparecen los animales depredadores, como millares de mariposas, monos, pájaros multicolores que creen cantar bien y hacen un griterío espantoso. Por suerte han exterminado al oso hormiguero, un verdadero asesino, y de paso, al tumbar cada árbol destruyen los nidos, cubiles con crías y todo, evitando esa reproducción tan molesta de los bichos silvestres. El hombre es muy, muy solidario y generoso con nosotras. Hoy realicé como cinco-cientos de viajes con hojitas que cada una multiplicaba el peso de mi propio cuerpo, pero después, en rebeldía, me aparté del camino pensando que yo nunca comeré tanto. ¡Estoy cansada, quiero ser una humana! Estoy muy cansada porque en el tacurú se hace todo por las demás hormigas: como las cuevitas seguras y calientitas para que duerman sobre verdes hojas las obreras de la colonia, hay que llenar depósitos con toneladas de víveres, no se puede descuidar la defensa de la Reina y las guardias para asegurar el futuro… ¡Salvaguardando los huevitos! Pero yo quiero ser libre como el hombre ¡Que cada uno se las arregle como pueda! 

Firmado: la Hormiga Rebelde”.
El pequeño Lalo quedó conmovido y asombrado. Así volvió a su casa arrastrando los pies y pensativo. Al ser observado por su padre, éste le preguntó:
- ¿A dónde estuviste hasta esta hora, hijo?
- Por allá, en un tacurú, papá.
- ¿En un hormiguero?
- Bueno, estuve en el monte, leyendo la carta de una hormiga rebelde.
- ¿Qué te pasa, Lalo? ¿Has estado durmiendo, soñando? ¿Tomaste vino?
- No, papá. Pero ahora sueño con ser una hormiga negra, estoy avergonzado de ser un humano, porque los hombres dañan la naturaleza, su flor y fauna, contaminan el aire, el agua de los ríos, y demuelen la ecología.
- Mira Lalo, para ser hormiga negra te sobra color… ¡Pero ahora empieza trayendo leña!
- Sí, papá. Haré cinco-cientos viajes o los que sean necesarios.
- ¿Pero podrías explicarnos cómo pensarás vivir, señor hormiga?
- Sí, cómo no. Viviré como cualquier hormiga: ¡Cuidaré la naturaleza sobre todas las cosas! Trabajaré sin ir a la escuela, viajaré y seré feliz en Colonia, viviré con muchas compañeras durmiendo sobre hojas verdes, pasearé por galerías y me aseguraré una cuevita calientita y lo más importante para salvaguardar el futuro: ¡cuidaré los huevitos!

Autor: Edgardo González.


Me encanto este cuento y lo aleccionador que realmente es para nosotros, ojala cuidemos la Naturaleza, pues un recurso al que estamos agotando

R.C. de Interés