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miércoles, 28 de octubre de 2009

EN LA CARCEL...



Siento decirles, que estoy encarcelada.
Si tras estos fríos y mudos barrotes, se encuentra mi corazón. Él cual tiene una necesidad inmensa de hablar con ustedes, mis amigos. Tal vez ustedes puedan orientarlo o cuando menos escucharlo.

¿Qué sucede cuando se pone a personas buenas en un sitio malo? ¿La humanidad gana al mal, o el mal triunfa?
Entregué no solo mi corazón, mi vida misma, a alguien que no correspondía.
No es tan simple, saber quien sabrá apreciarlo, lo haces con la mejor de las voluntades, con los ilusiones en la mano, con los sueños a su alrededor.
Cuando estas en la cárcel, digo del lado dentro, los guardias son malos, son sádicos, así veo la vida que envuelve mi corazón. Y los prisioneros, al poco tiempo por fuertes que seamos, nos volvemos depresivos, esa… es la descripción de mi alma, mientras no pueda abandonar esta cárcel.
No es que no quiera salir de ella, es como cualquier cárcel, no puedo.
Que bueno que han venido el día de visita, así les contaré un poco más.
Antes fui un espíritu libre, aunque ya había estado en prisión una vez, salí por buena conducta y mucho esfuerzo, durante años hice de papá y mamá, fui el proveedor de mi hogar y eduque a mis hijos, quizás no siempre con bonanza, pero siempre con mucho amor. Me dejaron libre bajo palabra. Por supuesto que con una vez, entiende uno, dirán ustedes. Más cuánto te tocó sola! Pues, ya un poco resignada, 9 años después, … aparece con sirenas y todo, una persona, si de esas que te abren la puerta del carro, te dan su pañuelo, te oyen por horas, te mandan flores, te
?dedican canciones. Era una persona que hacia 23 años había conocido, parecía confiable. Pero después de estar en prisión, la primera vez desconfías de todos y de todo.
Confiarias tú? Qué harias?
Al principio estaba renuente, incluso pase una encuesta, que gana con 10/10, no es que la opinión de la prensa pese más, como estarán pensando, pero, con el tiempo aprendes a ver otros puntos de vista, es parte de lo que aprendes cuando tu corazón esta tras las rejas.
Cuando menos sentí, mi corazón, que solo buscaba estabilidad, seguridad y tranquilidad… había salido corriendo y se entregaba. Desde el primer día que se entrego, hasta dio las huellas dactilares.
Le comunicaron sus derechos y obligaciones, este corazón, accedió a todo, como decir que no, si para entonces navegaba en el país de la felicidad y las ilusiones. Es más dio más de lo que se requería. Ojo.
Apunto ojo, porque su nuevo dueño, no era sincero. Más era imposible saberlo, en ese momento.
Eso tienen el privilegio de verlo ustedes.
Y vuelvo apuntar Ojo, porque cometió el otro grave error, entregar sin recelar, y más de lo que se pedía. Con el tiempo, esto último, se volcaría en su contra en ver ser un gusto… era su obligación.
Pero volviendo a lo que estamos: mi corazón sospechoso, de ya estar emocionalmente involucrado, fue fichado y de nuevo se le comunicaron sus derechos; después se les tomaron las huellas dactilares y se les hizo una identificación completa. Se encerró a mi corazón, en una celda provisional donde se les dejó con los ojos vendados para que meditase sobre su suerte y se preguntaran qué habían hecho para meterse en semejante lío.
Más este osadamente, ya saben ustedes, que sobre el corazón no se manda, siguió de frente, yo que le consideraba inteligente, pero ya no entro más en razón.
Estuvo casado nuevamente, seguía y soñaba, había perdido la razón, fue feliz durante un tiempo.
Hasta ustedes, mis amigos, se dieron cuenta antes que yo, que no había tal seguridad, que todo era mentira, que él no quería el corazón, ni el cuerpo que lo cubría, quería las posesiones del cuerpo.
Él empezó, berrinche tras berrinche, como quien convulsiona. Más mi corazón insistía en no ver, hasta el día del asalto.
No yo no tuve nada que ver, no asaltamos a nadie, nos asaltaron.
Y ese día cuando más lo necesitábamos, estuvo sin estar y nunca más estuvo, es más nunca estuvo realmente, mi corazón quería creer que sí, pero no era verdad.
La mentiras salieron a luz, sin necesidad del detector de mentiras, es más siguen apareciendo. Se llevo un pequeño botín, como me dijo alguien alguna vez: barato le salió.
Asiendo el recuento de los daños, para el parte policial, no creo que me haya salido tan barato, comió y vivió de mi trabajo, se enfermo y se le cuido, hasta se llevo un pequeño botín… pero el amor no tiene precio.
He gastado en abogados, médicos, psiquiatras, por salir de esta cárcel. Y aunque físicamente, él voló a otro tesoro… mi corazón sigue en prisión.

¡Alguno de ustedes quizás, sabrá lo que es ser preso de sus sentimientos?
Pase nuevamente, aunque, me había prometido que no iba a suceder, por ese proceso,… registré mi alama, y la desnude, como todo recluso sistemáticamente. Después se me rocío con un spray para revisar, ya que podíamos tener gérmenes o piojos -tal como sucede en estos casos.

¿Qué transformaciones sufren las personas que viven una experiencia de este tipo?
Al estar en esta prisión, como en cualquier otra, que nos dan un uniforme, cuyo componente principal era un vestido. Delante y detrás del saco constaba su número de identificación personal. Cada recluso arrastramos el peso de una cadena atada al tobillo derecho, que debemos llevar a todas horas. Como calzado llevamos sandalias de goma, y todos tenemos que cubrirnos la cabeza con un gorro hecho de una media de nailon. Eso es lo de menos, porque si mi corazón, fuera libre, en este momento tampoco tendría ganas de levantarse, bañarse, mucho menos arreglarse y ver como luzco.
Primero estuve como en todo proceso, en la celda de aislamiento, era oscura y muy reducida. Recuerdo, que allí pensé, que contrario a lo que uno creería, la segunda vez en prisión es más difícil, porque te has jurado, que nadie más dañara tu corazón. Es tanto el dolor, que no sabes si estas más enojado con él, o con tu corazón, los culpables 50%-50%. Más aun, en esta celda de aislamiento, he permanecido de pié.
Aunque claramente sé: que mi corazón esta preso, en la cárcel y que, incluso en sus sueños, es incapaz de escapar.
Pienso, como me gustaba, cuando el me llamaba “Linda”, y hoy mi nombre se resume a un número de identificación.
Volteo y veo mi catre, es parte de mi realidad, atrás debe quedar la King Size Cal California, que horror, pienso, parece una película, de miedo, no el que mi corazón este en prisión, si cuanto detalle, se le cumplió.
Prefiero ver mi corazón en la cárcel, ojala aprenda su lección! Lo prefiero haciendo flexiones, como antiguo prisionero, en un campo de concentración Nazi, que sufriendo otro desengaño nuevamente, sería un dolor fatal.

¿Cómo crees que tu corazón se habría comportado si hubiera sido recluso en esta situación? Mi corazón, es prisionero esta degradado, además lo entiendo, pero sigo doliendo, como estaría el tuyo?
A veces me grita que libere, que lo lamenta. Pero no se como hacerlo, sabes tú?

FUENTE: Mi Imaginación
AUTOR: R.C. de interés