miércoles, 5 de mayo de 2010

UNO NUNCA SABE


No conozco a nadie de 150 años, he oído de contados casos de 100 y pico. De alguna forma aunque sabemos que nuestra vida es finita, los que nos parecían mayores dejan de serlo conforme pasan los años, y también de alguna forma creemos que eso les pasa a los demás: no a nosotros, aunque asistamos a funerales de personas contemporáneas.
Mi abuelita paterna, se molestaba, cuando en la radio, decían: Anciana de 60 años muere atropellada… cuál anciana? Refunfuñaba, y estuvo muchos años más con nosotros.
Hace unos días llame a las oficinas del seguro médico, y me contesto Zully, una muchacha de 23 años, con su voz siempre alegre, llena de vida y quedo de contestarme este lunes, como no me llamo ni envío el fax que habíamos convenido, atrajo mi atención, a pesar de su corta edad, era muy eficiente en su trabajo.
Le puse un mail, a mi amigo y corredor, hoy cuando revise mi correo me quede de una pieza, me indico que lo vería él, porque Zully, falleció ahogada, en una playa, mientras paseaba con su familia.
“El problema es que el viernes por la noche Zully se fue a Monterrico y murió ahogada...
Así como lo ves... Ayer fue el entierro y hoy yo me encargo de verificar y dar seguimiento en la Compañía para saber los detalles de tu póliza...”
Me quede de una pieza, y mi mente ha revoloteado todo el día, reafirmando que uno nunca sabe cuando le tocará.
Supongo que sus papás tampoco lo esperaban, porque la mayoría de las veces los hijos entierran a sus padres y no al contrario, aunque no existen reglas en esto.
También he recordado una frase de Jorge Luis Borges: “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.”
Cierro este relato real, con una frase de Shinhu- Chan “Vive cada día como si fuera el último, porque un día puede llegar a serlo” que no se nos queden los abrazos, las sonrisas, un palabra amiga… uno nunca sabe.