viernes, 20 de agosto de 2010

LOS TRES COCHINITOS



Han de estar y estarán que cuenta la historia que en la calle de omnívoros, esquina para atrás del bosque. Vivían tres cerditos que eran hermanos, parecidos físicamente pero con su propio carácter cada uno.
Jaime, El lobo siempre andaba persiguiéndoles para comérselos y sino por lo menos como terapia ocupacional.
Como ya habían crecido decidieron dejar el penthouse en el que vivían, y hacer cada uno su casa, comprarían lotes vecinos en la nueva lotificación, La Marinería, y rotarían las casas parar armar parrandas.
El pequeño la hizo de paja, para acabar antes y poder irse a jugar Play 3.
El mediano construyó una casita de madera. Al ver que su hermano pequeño había terminado ya, se dio prisa para irse a jugar con él, no sin antes colocar un letrero no fumar.
El mayor trabajaba en su casa de ladrillo (la verdad es que los encontró en oferta). Como su esfuerzo en la construcción fue mayor adelgazo, mientras los otros dos encima comían golosinas mientras jugaban.
El lobo se concreto a seguir a los otros dos, pues significaban más manteca y tocino, en vez del que pesaba menos.
Cuando vieron esto los cerditos que jugaban, se fueron a fintees, tomaron el paquete completo, con todo y spa.
Con la ayuda del entrenador y una dieta de odiosas lechugas, pronto entre los tres no había diferencia, podríamos decir que eran unos cerditos esculturales low fat.
Jaime, El lobo pensó: ni la fatiga de soplar la casa de paja, muchos menos soplar mas fuerte en la casa de madera, (aunque bien tenia la alternativa de hacerlo con una colilla de cigarro)
Tenía un plan estratégico para la casa de ladrillo, le pediría prestada la escalera a la zorra, (lo cual ya significaba deber un favor, y a él no le gustaba prestar su corta grama) Con la escalera subiría al tejado, para colarse por la chimenea. Donde según la bruja que le lee las cartas habría una olla con fuego y si caía en ella se escaldaría.
Plan B: perseguirlos a campo traviesa por el bosque, no los alcanzaría nunca después de las destrezas en el gimnasio.
Como era comilón, no solo los cerditos estaban en los huesos, con poco tocino, hasta se habían depilado, por lo que chicharrones no tendrían pelos. Cambio de estrategia.
Plan C: se hizo su amigo, firmo una carta compromiso, como los acuerdos prenupciales, de comérselos, y entonces en cada parranda era invitado, donde se pegaba las grandes comilonas. Nunca jamás comió cerdito. Pero evito la fatiga, hizo amigos, no hizo el ridículo como en otros cuentos, y se pudo dar sus grandes comilonas.
Y colorin colorado este cuento se ha acabado, y me monto en un potro para que me cuenten otro.


Fábula del siglo XVIII, autor anónimo
ESTA VERCION: R. C. de Interés

SE GANA MAS CON MIEL, QUE CON HIEL