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viernes, 3 de septiembre de 2010

CAE LA LLUVIA

Ya eran tres días de esa lluvia que llamamos chipi chipi, no son gotas grandes, tampoco hay relámpagos, pero esa constante lluvia, cala hasta el tuétano de los huesos, su impermeable amarillo, era insuficiente; recién tenia un refugio las ramas de aquel viejo árbol, y un poco de brazas, que le calentaban un poco, y donde calentaba las latas que llevaba, y hacia un poco de café, no se sabe cuanto tiempo más deberá pasar allí y así. Su mente no para de divagar.

Ya hace algún tiempo, en esos días que no alumbra el sol, Santiago, llamo como era su costumbre a su mamá, sin pensar las lagrimas que caerían de sus de su alma, como la lluvia constante, que te enfría la charla empezó como de costumbre, su llamada no faltaba…
- Hola Mami, Cómo estas?
- Aquí viendo pasar el tiempo, estoy aburrida. No tengo nada que hacer en esta vida
- Hay muchísimo por hacer, y muchísima gente que te aprecia
- Ya no después de esta llamada no te volveré a contestar, pueden echar en cuenta y razón que me muerto (dijo doña Clara)
- No exageres estas vivita y coleando (a modo de hacerle un chiste)
- Ya no antes comíamos juntos todos los sábados, me preguntabas que quería comprar…. Ahora sollo queda tu llamada y esa no me sirve.

Santiago pensaba que cada palabra desgarraba su corazón, siempre pero siempre, había estado pendiente de ella,fueron años de años, sin dejar de pregunarte cada día,... claro hace dos años cuando quedo sin trabajo, aunque hacia una que otra cosas ocasionalmente, no había podido seguirla llevando a restaurantes, ni la picardía (buena) cuando iban al supermercado y que ella le decía que no llevaba su tarjeta, el encantado pagaba la cuenta, sin cobrarla jamás. Todo una vida, todo un amor incondicional. Santiago la querría para bien o para mal, a doña Clara muchas personas que no la querían, realmente era muy dura, por no decir malvada. Ofendía, trataba mal a las personas, parecía que jugara con las personas. Por ejemplo escondía cosas, que se yo, un florero, y luego empezaba con la cantaleta que se lo habían robado. Era un persona muy difícil de llevar, pero Santiago, siempre la justificaba, siempre perdonaba, no lo veía lo malo, la quería incondicionalmente.

El alma de Santiago estaba hecha añicos, no le pesaba darle tanto amor, por ello se fue unos días, la lluvia lavaba sus heridas, escribía, lloraba, caminaba, y encima sabia que ella le necesitaba, más Doña Clara es, de las personas que cuando dice nunca más es nunca más.

Autor: R.C. de Interés


El amor no sólo son frases llenas de ternura, es todo el corazón que se entrega sin medida...Anónimo