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domingo, 20 de marzo de 2011

NEBULOSA






Atravesó cortando el camino por el viejo roble, con sus viejos tejanos, llego a la caballeriza, allí estaba, era bella y firme, hizo un sonido cuando se le acerco.
Tomo la silla la coloco y a apretó los fustes, el freno, y ya.
Abrió la puerta, y monto a Nebulosa, una regia yegua, basto dar un par de toques en la barriga del animal, (jamás usaba ni usaría espuelas). La yegua empezó a caminar, solo con el olor del establo y el sonido de los cascos, (iban en un camino de terracería, (aunque le gustaba más el sonar de las herraduras cuando tomaban el asfalto).
Era ella, era su momento, se sentía en paz, dejar todo a tras, los problemas, las alegría, la familia, … todo este era su espacio y lo disfrutaba, sabía que tenia otras cosas pendientes, más no se pudo resistir, a disfrutar de este instante.
Ya en el campo, ella llevaba el pelo sostenido por un cola, dejo su cabello suelto, se recostó un instante sobre Nebulosa, la crin y su cabellera parecía que se fundían.
Cambio el caminar y empezaron a trotar ¡Qué bien se sentía! Respiraba profundo, no había nada, solo ellas. El olor a campo la revitalizaba.
Salto la primera vieja talanquera, ya nadie se preocupaba en cerrarla. Así que Nebulosa, el pedazo que brinco lo hizo sin el menor esfuerzo, la quería tanto que reflexiono: si fuera humana, seria de las personas que gustan de los retos, para que las que los obstáculos, son un placer, algo que vencer.
Llegaron al riachuelo, la yegua paro un poco, no le gustaba el agua, basto que le diera otros dos golpecitos en la barriga, como para recordarle que iban juntas, alzo la cabeza y lo atravesó, no era profundo pero si era ancho.
Llego el momento dejaron el trote y se alzaron ha galope. Eran una sola, la sensación de sentir el viento en sus mejillas, la libertad, era su momento.
Cuando llegaron a la cima donde se encontraba el viejo bosque, desmonto, la acaricio en la frente y tomo el lazo, esto por reflejo, Nebulosa la seguiría igual.
Se sentó, sobre las hojas secas. Y empezó a meditar, allí su mente tomaba fuerzas, de manera casi mágica se esclarecían sus ideas, y su alma y corazón se llenaban de paz, todo había quedado a tras,… no sabe cuanto tiempo paso, más el sol empezaba a caer,…
Debía volver, tenia entre otras cosas que preparar la cena, suspiro profundo, cerro su remanso, subió a su yegua, No por ello dejo de disfrutar el regreso. El camino el mismo, Nebulosa lo conocía de memoria, cuando estaban por llegar a la caballeriza, acelero el paso como diciendo ya estoy en casa, ella hubiera querido no regresar y cabalgar toda su vida.

Autor: R.C. de Interés