Dime
que es mentira, que no es verdad, que estas aquí, que aquel sábado no ha
ocurrido.
Que
el horror, al fin cederá al olvido. Que mi silencio es en vano.
Veo
el reloj inconscientemente, cuánto tiempo ha pasado, semanas… pienso a esta hora
estabas.
Parece
un juego, no lo es.
Cuántas
lágrimas, aun no terminan; si, es que me
ves: mira estas líneas oscuras, llueve, el cielo es gris, los sábados por la
tarde, se repite en mi mente el triste episodio, al que dejaste encadenada mi
alma.
Minuto
a minuto, mi mente repasa, cuánto lastimaste mi vida!, cuánto sufrimiento, se
que no soy responsable, lo se, más es grande el daño que dejaste.
Mira
mis lagrimas, mis ojos fallecen ante tanto dolor, mi corazón sangra, mis labios,
aún se niegan a decirlo. Espero
despertar y que sea un mentira; regresar el tiempo, saber que estas.
Estoy aquí, como la luna, en
aquella noche, sola, sin conformarme, sin soñar, sin entender, en zozobra...
contigo se fue mi calma.
Me
dejaste en un abismo de miedo, sin pronunciar palabra, con toda la imagen de tu
partida, te fuiste, me hundiste, ¡Qué huella para destrozar escogiste!
Ni
tan sólo un ápice pensaste, que de luto vestirías mi mundo; ¿por qué sabes? Yo sigo en él, aunque
tú no estés.
En
una eterna "agonía de silencio", en la que mi mente infecunda no encuentra el
olvido; sábado con sábado, la imagen, el
sentimiento, la agonía regresa… espera aguarda,… las dos de la mañana, la hora del horror, la hora del silencio,
no es mentira: es la cruel realidad, la triste agonía, en que dejaste mi vida,
mi esencia, mi alma, en el negro pantano, de tu siniestra partida.
Autor:
R.C. de Interés
"No me digas por favor, que no vuelvo a verte,
pues, para mi la vida: si ya no estas junto a mí"...




