jueves, 10 de diciembre de 2009

LA MUERTE DE UN BLOGUERO

"¿No has oído un aleteo?, preguntó ella.
Él la miró con incredulidad. No hay ningún pájaro aquí, respondió.
Me pareció oír un ruido de alas, insistió ella.
No hay ningún pájaro, volvió a responder él.
Ella sonrió con delicadeza.
Él desvió la mirada hacia la calle y se puso a hablar, por distraerla, del trabajo, de los niños, del futuro.
Ni siquiera sé en qué momento, pensaría él después, ya estaba hablando solo..."


- La suavidad del ángel de la muerte-
de Miguel Ibáñez de la Cuesta


LA MUERTE DE UN BLOGUERO...
Hace días o semanas recorre mi mente un tema… la muerte, pero esta vez es la muerte de un bloguero.
Somos y nos hemos convertido en una familia, por diferentes razones, compartir, ser uno mismo, soledad, conocer nuevas cosas, en fin… mil y una razones.
En este continuo transcurrir, ir y venir, nos identificamos con personas o blogs, por su temática afín, por lo que aporta a nuestros conocimientos, por su amistad…
Desfilan noticias, fotografías, relatos, chistes, poemas, música…. Y un sinfín de temas, como personas y blogs, … al tanto de diversas Campañas, opiniones diversas de la A a la Z.
Algunos blogueros los visitamos más, a algunos los llegaremos a conocer, a otros nunca los veremos, aunque compartamos parte de sus vidas y conocimientos…, sabemos cuando alguno se enferma, cuando espera un bebe, cuando esta triste, cuando esta alegre, cuando esta validando sus estudios…. En ocasiones compartimos más virtualmente de lo que hacemos en la vida diaria, sobre todo en el tema de sentimientos. A veces nos ausentamos por unos días o por un tiempo, y luego reaparecemos, cada uno en su espacio y con su tiempo, los hay quienes participan a diario y quienes, regularmente por razones de tiempo no pueden hacerlo. Pero están allí, reaparecen.
Y que si de pronto visitas un Blog, … y nada???, regresas después y nada…. Pasa una semana, escribes hola como estas?, pasan los meses, dejas de visitarlo, y te dices : seguro está en otra cosa.
… transcurre tu vida,… continuas, le extrañas, pero jamás sabrás que ha muerto, ni de que, ni cómo, ni cuando… tampoco sabrás que te quiso decir en su aliento final.

No estuvimos en su final aliento, no lo supimos, lloramos su ausencia en la vida virtual, más no lloramos su muerte real.
Ahora podriamos decirle: mi vida te extraña, mi abrazo virtual también!
Mi memoria te extraña, mi corazón tambien...
Su familia simplemente vendió el ordenador, igual no sabía las claves, ni tu amigo les dijo: pon un mensaje que les veo desde el cielo!
Es así de simple la MUERTE UN BLOGUERO.


AUTOR: R.C. de Interés

RIMA LXXIII
Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.
La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho,
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.
Despertaba el día
y a su albor primero
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”
De la casa, en hombros,
lleváronla al templo,
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.
Al dar de las ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron
y el santo recinto
quedóse desierto.
De un reloj se oía
compasado el péndulo
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”
De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila,
formando el cortejo.
Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo;
allí la acostaron,
tapiáronla luego,
y con un saludo
despidióse el duelo.
La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto:
perdido en las sombras
yo pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”
En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.
Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan los huesos...!
........................
¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es, sin espíritu,
podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
que al par nos infunde
repugnancia y duelo,
a dejar tan tristes,
tan solos los muertos


Gustavo Adolfo Becquer